Alacranes: cómo es el artesanal proceso para producir el antiveneno

En un predio de cuatro manzanas en el corazón del barrio de Barracas, se erige el Instituto Malbrán (hoy ANLIS “Dr. Carlos Malbrán). El centenario edificio –patrimonio histórico- vio trabajar entre sus paredes a los premios nobel Bernardo Houssey y César Milstein. Hoy, ese organismo dependiente del Ministerio de Salud sigue siendo el instituto de bacteriología de referencia para el diagnóstico, tratamiento y profilaxis de enfermedades infectocontagiosas. Los recientes casos de picaduras de alacrán volvieron a ponerlo en el centro de la escena: el Malbrán es el lugar donde se producen prácticamente todos los sueros antivenenos para los animales ponzoñosos de importancia médica en la Argentina (serpientes Yararás, Cascabel y Coral; arañas Viuda Negra y Marrón o del Rincón y escorpión) y abastecen a todo el país.

Se trata de un trabajo artesanal que involucra a 25 personas personas (de un total de 136 agentes del Instituto Nacional de Producción de Biológicos) y que produce un promedio de 25.000 sueros antivenenos por año que luego se distribuyen por todo el país. “Del total de accidentes que se producen en la Argentina con animales ponzoñosos, aproximadamente el 85% corresponden a alacranes del género Tityus, que son los de importancia médica y para los que se necesita el antiveneno”, explica a Clarín el doctor Christian Dokmetjian, director del Instituto Nacional de Producción de Biológicos (INPB) de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS) Dr. Carlos Malbrán.

¿Pero cómo se llega hasta el antiveneno? El proceso, que se completa en un plazo de tres meses, comienza con las denominadas “comisiones de captura” que consisten en enviar todos los meses a las provincias a pequeños grupos de biólogos y estudiantes de biología encargados de capturar los distintos animales venenosos para luego extraerles el veneno. Las comisiones duran entre una semana y 10 días, y este trabajo es fundamental, porque determinará cuántos lotes podrán producirse de antiveneno. “La producción de antivenenos tiene una limitante muy específica y es que depende de la captura. La producción es proporcional a la captura”, explica Dokmetjian.

El trabajo de colectar la cantidad necesaria de estos bichos no es sencilla. Además tiene sus riesgos, si alguno de los encargados de la tarea es picado, debe recibir asistencia médica inmediata. Los “capturadores” llevan suero, por si son picados. Pero no siempre. Por ejemplo, en marzo el Malbrán tendrá listo el suero antiveneno para la araña bananera. Es una especie muy agresiva y muy grande. Una obviedad: para poder fabricar el suero hay que capturarla. Y para capturarla debieron internarse en la selva misionera a riesgo de ser picados y sabiendo que en Argentina todavía no hay suero. “Hay que ser temerario para hacerlo”, admite Dokmetjian, quien trabaja desde hace 20 años en el Malbrán y comenzó, precisamente, integrando comisiones de captura.

Cada comisión captura en promedio unos 150 animales, a los que deben mantener vivos hasta regresar a Buenos Aires. Y en el caso específico de los escorpiones, para poder fabricar un lote (1.500 dosis) se necesitan entre 500 y 800 escorpiones. “A los escorpiones se les saca veneno por ordeñe, a través de micro descargas eléctricas. Con cada extracción se debilitan, por lo que esperan un mes entre cada extracción. Y por lo general no sobreviven a más de dos o tres extracciones”, agrega Dokmetjian. Para mantenerlos vivos una vez que están en cautiverio, además de escorpiones, tienen que criar a su alimento predilecto: cucarachas. Eso, para los escorpiones adultos. Pero las crías de alacrán deben criar micro grillos, de los que se alimentan.

Una vez extraída cantidad suficiente de veneno, ese veneno es caracterizado, luego va al sector de inmunizaciones donde se prepara el antígeno y de ahí luego pasa al campo en Marcos Paz, donde será inoculado en caballos. “Los sueros antivenenos se hacen en base al plasma de caballo, en todo el mundo se utiliza el mismo método”, acota Dokmetjian. “Los caballos se inoculan durante tres a seis semanas, cuando está en estado hiperinmune, se procede al sangrado. A cada caballo se le extraen unos 5 litros de sangre, de la cual se separa el plasma. Eso viene acá al Instituto donde continúa el proceso. Con distintos métodos químicos y físicos de filtración se va separando la inmunoglobulina, que es el antiveneno. Luego vienen los controles de calidad, para lo que utilizamos ratones de nuestro bioterio. Y finalmente el proceso termina en la nueva planta de envasado y etiquetado. El proceso completo dura en promedio tres meses. Y esos medicamentos duran tres años antes del vencimiento”, añade.

Junto al Ministerio de Ciencia y el INTA, el Instituto Malbrán está intentando ahora avanzar en un proyecto de desarrollo para reemplazar a los caballos por gallinas. “Eso simplificaría mucho los procesos. Para empezar, una cuestión de espacio y logística. Además, sería menos traumático para el animal, porque en lugar de sacarle sangre, se utilizarían los huevos”, concluye el especialista.

Fuente: Clarín

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