La lepra muta para hacerse resistente a los medicamentos

La lepra ha mutado. La bacteria Mycobacterium leprae -o bacilo de Hansen, descubierta en 1874 por el médico noruego Gerhard Armauer Hansen- se ha vuelto más resistente a los medicamentos después de desarrollar nuevos genes que apuntan a mecanismos previamente desconocidos para desafiar a los antibióticos que se usan para tratar la enfermedad.

Científicos de l’École Polytechique Fédérale de Lausana (EPDL) han conseguido aislar, secuenciar y analizar el genoma de 154 cepas de lepra procedentes de todo el mundo. Y las han aislado directamente de muestras humanas ya que, según apuntan los científicos, la bacteria no se puede cultivar en un laboratorio, lo que dificulta su estudio.

La lepra desarrolla nuevos genes como mecanismo para desafiar a los antibióticos 

”Lo que ha hecho ha sido desarrollar una estrategia de supervivencia fascinante contra los antibióticos”, explica Andrej Benjak, autor principal del estudio recientemente publicado en la revista Nature Communications , coincidiendo con el Día Mundial de la Lepra, el pasado 28 de enero. Aislar el ADN de Mycobacterium leprae fue todo un desafío por los investigadores porque “la cantidad de bacterias en las biopsias de piel generalmente es baja y varía mucho entre los pacientes”.

Esta enfermedad infecciosa, aunque no muy contagiosa, fue incurable durante siglos (hay restos arqueológicos que ya sitúan la lepra en la India hace 4.000 años) y provoca daños en la piel, los nervios periféricos, la mucosa de las vías respiratorias altas y los ojos. A pesar de que es curable, la bacteria persiste en muchos países en desarrollo, con más de 200.000 nuevos casos cada año.

La OMS recomendó en 1981 el tratamiento multimedicamentoso (TMM) que se sigue usando en la actualidad y que consiste en administrar dapsona y rifampicina a todos los pacientes y se añade clofazimina si hay fiebre, granulocitopeina o ictericia. En los últimos 20 años se han tratado más de 16 millones de enfermos con este sistema.

El estudio del EPDL encontró varios genes que asociados con la resistencia a los antibióticos, especialmente en ocho cepas cuyos genomas albergaban un número increíblemente grande de mutaciones aleatorias, acumuladas durante un período de unos pocos años o quizás décadas. Estas ocho cepas son todas resistentes a la terapia con múltiples fármacos, y fueron las únicas analizadas en las que se interrumpía un gen responsable de la reparación del ADN.

“Esta interrupción provoca una tormenta de mutaciones aleatorias, lo que aumenta las posibilidades de que el gen correcto mute en el lugar correcto y conduzca a la resistencia a los medicamentos. Pero las mutaciones aleatorias pueden ser mortales, por lo que es como una ruleta rusa desesperada y genética para la bacteria“, explica Benjak.

Después de extraer el ADN, los investigadores tuvieron que separar el genoma bacteriano del de su huésped. Para realizar esta operación utilizaron dos técnicas, una que aumentaba el ADN de la bacteria y otra que disminuía el del paciente. Una vez que aislados, los investigadores pudieron secuenciar y comparar con la de otras muestras.

Además de descubrir la resistencia a los antibióticos, los científicos suizos obtuvieron información sobre los orígenes de la enfermedad. Por ello creen que podría haber aparecido e el Lejano Oriente. “La gente asume que las enfermedades humanas antiguas se originaron en África, pero para la lepra, la evidencia apunta a Eurasia”, dice Charlotte Avanzi, quien ha participado en el estudio. Varias cepas bacterianas del este de Asia pertenecían a los linajes ancestrales de los bacilos de la lepra

Delimitar el origen propiciará que se pueda reconstruir cómo se propagó la enfermedad por todo e mundo. “Necesitamos más muestras de Asia Central y Oriente Medio, pero estas son difíciles de conseguir debido a problemas geopolíticos actuales”, apunta Avanzi. “Para Europa, donde la lepra está erradicada, debemos confiar en restos humanos antiguos. Pero es posible: hemos desarrollado las herramientas y ahora estamos listos para secuenciar aún más muestras“, concluye.

Fuente: La Vanguardia (España)

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