Investigadores del CONICET estudian nuevos blancos terapéuticos contra la toxoplasmosis

Un grupo de expertos del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas – Instituto Tecnológico Chascomús (IIB-INTECH, CONICET – UNSAM) lleva adelante un proyecto de investigación que tiene como objetivo identificar nuevos blancos terapéuticos contra la infección del parásito Toxoplasma gondii causante de la toxoplasmosis, una enfermedad crónica ampliamente distribuida que puede generar complicaciones en bebés y personas inmunodeprimidas.

El equipo – liderado por Sergio Ángel, administrador delegado de la sede Chascomús del IIB-INTECH, y Laura Vanagas, investigadores principal y asistente del CONICET, respectivamente -recibió recientemente un subsidio de 665 mil dólares de parte de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos gracias al que podrán investigar durante los próximos cinco años.

“Desde el Laboratorio de Parasitología Molecular del instituto venimos trabajando desde hace mucho tiempo en la búsqueda de nuevas estrategias terapéuticas contra T. gondii. Con esta ayuda del NIH nuestro foco estará puesto en identificar las proteínas involucradas en la reparación del daño de ADN sufrido durante la replicación del parásito con el objetivo final de diseñar fármacos específicos que lo afecten, pero que no sean dañinos para el humano hospedador”, comenta Ángel, y añade: “Además, la idea es generar mediante ingeniería genética una línea celular de T. gondii, para implementar un sistema de rápida detección de drogas que ataquen el mecanismo de reparación de su ADN”.

Una enfermedad ampliamente distribuida

“En el marco de un estudio epidemiológico que estamos llevando a cabo en Chascomús, Buenos Aires, pudimos comprobar que el 30 por ciento de las embarazadas que asisten al Hospital Municipal están infectadas por T. gondii. Y a nivel nacional esa tasa puede llegar al 50 por ciento”, subraya el experto, al tiempo que explica que, si bien en los distintos países el número es variable, se estima que “el promedio mundial es del 20 al 30 por ciento de la población”.

La toxoplasmosis es asintomática, por eso muchas de las personas la padecen no lo saben, y las posibilidades de complicaciones clínicas son menores. En general, la infección se da por la ingesta de alimentos mal lavados o agua contaminada, lo que facilita el ingreso del parásito al organismo donde comienza su fase aguda, es decir activa. Semanas después de su acceso, T. gondii pasa a una forma de quiste y permanece alojado de manera latente principalmente en neuronas y músculos esqueléticos, estableciendo una infección crónica.

“El mayor riesgo lo tienen los niños cuya mamá se infectó por primera vez durante el embarazo – porque en esa etapa el parásito está en su fase activa y puede pasar al feto, lo que hace que el bebé nazca con una infección congénita que puede provocarle problemas neurológicos durante el primer año de vida, por ejemplo -, y las personas inmunodeprimidas, ya que una baja en las defensas facilita que T. gondii se reactive y pase de su fase latente a aguda”, explica Ángel.

Los tratamientos actuales son muy eficientes para matar al parásito en su fase activa, pero son largos y difíciles de tolerar por los pacientes. “En el caso de los niños con infecciones congénitas duran alrededor de un año y, dado que las drogas pueden producir efectos adversos, exigen mucha atención y seguimientos, más aún si tenemos en cuenta que estamos hablando, por ejemplo, de bebés muy pequeños. Una de nuestras perspectivas es también poder encontrar drogas que ataquen la forma crónica de T. gondii”, concluye.

Fuente: CONICET

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