Investigación: La comunicación cerebro-intestino podría ser clave en la esperanza de vida

Nuestros cuerpos no solo envejecen pasivamente. Las células y los tejidos utilizan continuamente la información de nuestros entornos y unos de otros para coordinar activamente el proceso de envejecimiento. Un nuevo estudio del Instituto de Ciencias de la Vida (LSI, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Michigan (UM), en Estados Unidos, revela ahora cómo se produce una cierta interferencia entre tejidos en un organismo modelo común.

Estudios recientes han demostrado que la señalización entre el intestino y el cerebro puede regular una variedad de procesos biológicos. Hasta ahora, la investigación se ha centrado principalmente en cómo las señales del intestino pueden afectar a las funciones neurológicas, incluidas algunas enfermedades neurodegenerativas, pero se sabe mucho menos acerca de cómo el cerebro se comunica con el intestino para afectar a ciertos procesos biológicos, como el envejecimiento.

El miembro de la facultad de LSI Shawn Xu, también profesor de Fisiología Molecular e Integradora en la Facultad de Medicina de la UM, y sus colegas querían determinar cómo las señales cerebrales podrían afectar al envejecimiento en ‘Caenorhabditis elegans’ o gusanos redondos. Debido a que su sistema nervioso está tan bien mapeado, estos pequeños gusanos ofrecen pistas sobre cómo las neuronas envían y reciben información en otros organismos también, incluidos los humanos.

Los científicos descubrieron que la comunicación entre el cerebro y el intestino conduce a lo que Xu llama un “eje del envejecimiento”, en el que el cerebro y los intestinos trabajan juntos para regular la longevidad del gusano, como se detalla en un artículo sobre los hallazgos programado para su publicación este miércoles en la revista ‘Gens & Development’.

 

IDENTIFICADOS DOS TIPOS DIFERENTES DE NEURONAS CLAVE

Utilizando diferentes temperaturas ambientales, que se sabe que afectan a la vida útil de los gusanos redondos, los científicos investigaron cómo las neuronas procesan la información sobre la temperatura externa y la transmiten a otras partes del cuerpo. Identificaron dos tipos diferentes de neuronas, una que detecta el calor y la otra frialdad, que actúan sobre la misma proteína en el intestino, diciéndole que reduzca la velocidad o acelere el proceso de envejecimiento.

Cuando la neurona sensible al frío detecta un descenso en la temperatura, inicia una cadena de comunicación que finalmente libera serotonina en el intestino del gusano. Esta serotonina estimula una proteína conocida que regula la edad, DAF-16, para aumentar su actividad e incrementar la longevidad del gusano. Por el contrario, la neurona sensible al calor envía un compuesto similar a la insulina al intestino y allí bloquea la actividad de la misma proteína DAF-16, acortando la vida útil del gusano.

Usando estos dos caminos, el cerebro puede procesar señales del entorno externo y luego usar esa información para comunicarse con el intestino sobre el envejecimiento. Además, estas señales pueden transmitirse desde el intestino a otras partes del cuerpo, lo que permite a las neuronas regular el envejecimiento corporal. Debido a que muchos de los jugadores clave en estas reacciones se conservan en otras especies, Xu cree que esta investigación puede tener implicaciones más allá de los gusanos redondos.

“A partir de nuestros hallazgos, está claro que el cerebro y el intestino pueden trabajar juntos para detectar información relacionada con el envejecimiento y luego difundir esa información a otras partes del cuerpo –sugiere Xu–. Creemos que es probable que este tipo de eje de señalización pueda coordinar el envejecimiento no solo en ‘C. Elegans’, sino también en muchos otros organismos”.

 

Fuente: Europa Press

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