Nuevos fármacos y combinaciones frente al virus de la hepatitis delta

Tras los antivirales orales para la hepatitis C, el interés por las hepatitis víricas ha pasado a la hepatitis B y a la hepatitis delta: la primera por su elevada prevalencia -290 millones de infectados en el mundo-, y la segunda, por ser la forma más grave de hepatitis crónica, con progresión frecuente a cirrosis y cáncer de hígado.

La prevalencia de hepatitis C está disminuyendo, con estimaciones de 66 millones de infectados en el mundo en 2018. Se curan más del 95% de los pacientes tratados durante 2-3 meses, generalmente con una sola pastilla diaria que combina 2-3 antivirales. La reducción del precio de los antivirales para la hepatitis C ha permitido que pueden tratarse todas las personas infectadas, sin restringir la indicación a los que tienen fibrosis avanzada. Además del beneficio clínico para el paciente, la pronta administración del tratamiento antiviral reduce el riesgo de contagios. De ahí el interés en diagnosticar a los portadores que no lo saben y aplicar estrategias de “test-and-treat”, esto es, extender el screening y administrar la medicación cuanto antes a los positivos.

Se estima que hay unos 15 millones de personas con hepatitis delta en el mundo. Hay regiones con alta endemicidad en Asia central (Mongolia, Pakistán, Azerbaiján, Turquía), la cuenca del Amazonas (Brasil, Perú, Venezuela), Sudáfrica, Rumania, Groenlandia y algunas islas del Pacífico. En estos lugares, hasta un 25% de los pacientes portadores del HBsAg, pueden estar infectados por el virus delta. En un simposio sobre Hepatitis delta en el marco del Congreso Internacional de Hígado (ILC, International Liver Congress) organizado por la Asociación Europea para el Estudio del Hígado (EASL), Vicente Soriano, profesor de la UNIR en Madrid, se refirió a los problemas que todavía existen con las pruebas diagnósticas y que explican resultados contradictorios entre diferentes estudios, algunos con estimaciones demasiado elevadas para la hepatitis delta en Estados Unidos y a nivel global. Soriano subrayó que “la mayoría de seropositivos para delta tienen viremia indetectable, de modo que la ausencia de RNA viral debe hacer sospechar falsos positivos”.

En los países occidentales, donde la vacunación para el virus B forma parte del calendario infantil, la hepatitis delta es excepcional. Se diagnostica en dos grandes grupos de población: los usuarios de drogas por vía intravenosa y los inmigrantes de áreas endémicas. Hasta ahora, la hepatitis delta era un diagnóstico con mal pronostico y solo había un tratamiento disponible, el interferón alfa. Menos de un 25% de pacientes tratados durante un año lograban mantener viremia indetectable tras suspender el interferón que, además, tiene una mala tolerancia y multitud de efectos secundarios.

Nuevos tratamientos para el virus delta
Los nuevos tratamientos para la hepatitis delta son myrcludex, un inhibidor del receptor de entrada en el hepatocito del virus B y, por tanto del virus delta, que utiliza su misma proteína de envoltura; lonafarnib, un inhibidor especifico del ensamblaje del virus delta dentro del hepatocito; el polímero de ácidos nucleicos (NAP, nucleica acid polymers), que se denomina REP-2139, capaz de reducir drásticamente la liberación de viriones delta, y el interferón pegilado lambda, que es más especifico en su acciones en el hígado y produce menos efectos secundarios sistemicos. En el momento actual hay varios ensayos clínicos que combinan varias de estas moléculas con tenofovir o interferón lambda. Un estudio promovido por el NIH que examina lonafarnib e interferón lambda tendrá resultados el próximo año.

Durante su intervención, Soriano señaló que “la replicación exclusivamente en el compartimento citosólico del genoma viral abre la posibilidad de erradicación para el virus delta aunque no se elimine el genoma del virus B que, como minicromosoma, permanece en el núcleo del hepatocito. Por tanto, las terapias frente al virus delta no tienen por qué requerir la eliminación conjunta y obligada del virus de la hepatitis B”.

Hígado graso
La enfermedad hepática metabólica, el hígado graso, ha sido otro de los grandes protagonistas del EASL 2019. Se ha confirmado su elevada prevalencia en los países occidentales y su asociación con las enfermedades cardiovasculares. Diversas medicaciones están siendo evaluadas como tratamiento, aunque el ejercicio y la dieta continúan siendo parte fundamental del manejo de la esteatosis hepática. Dado que el microbioma intestinal parece jugar un papel importante en la patogenia del NASH (non-alcoholic steato-hepatitis), investigadores japoneses presentaron resultados prometedores con Lubiprostona, un agente que modifica la permeabilidad intestinal.

Fuente: Diario Médico – España

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