Un “probador” de fármacos para personalizarlos

  
Usando modelos computacionales, Mind The Byte reduce a tres los años de desarrollo de medicamentos e iniciará un piloto de medicina personalizada
Ensayo, error. El procedimiento clásico de desarrollo de una molécula es lento y costosos. Puede extenderse de los diez a los 20 años y ronda los 1.300 millones de dólares, tanto para una gran farmacéutica como para una pequeña biotecnológica. Así es que, con el firme propósito de revolucionar esta industria, la empresa catalana Mind The Byte ha desarrollado una tecnología de diseño computacional de fármacos. «Es posible disminuir hasta los tres años el proceso de creación de un fármaco y, paralelamente, reducir en un 40% la inversión necesaria», asegura el CEO de la biotecnológica Alfons Nonell. Lo cierto es que su tecnología permite modelar una molécula utilizando, para ello, la bioinformática. O más concretamente, como bien indica el CEO, quimioinformática como procedimiento que realiza predicciones matemáticas para avanzar lo que sucederá en el laboratorio y que, a fin de cuentas, reduce el tiempo de salida al mercado de un medicamento. Nonell se sirve de una analogía, «lo que nosotros hacemos es un embudo. En lugar de ensayar con mil moléculas, las pruebas se reducen a diez». Un procedimiento que permite definir cuál será el comportamiento de una molécula, su toxicidad, si se absorberá bien o, incluso, definir otras dianas terapéuticas. Esta plataforma de Software as a Service (SaaS) realiza predicciones de actividades biológicas, como podría ser entender por qué actúa un fármaco; sintetiza moléculas, comprende por qué funcionan, cómo se unen a las proteínas… Por supuesto, sin obviar que la validación final tendrá lugar en el laboratorio. A diferencia de otros softwares que se adquieren por licencia, el modelo de negocio de la catalana consiste en una plataforma web de pago por uso. «En lugar de comprar una licencia, instalarla y adquirir ordenadores de supercomputación, cada vez que hagas un experimento pagas por él», simplifica Nonell. Para dar este servicio, la empresa tiene alquilados una serie de servidores con Amazon Web Services, de quien no sólo es partner sino que la multinacional ha validado su metodología como sello de garantía. Esta filial de Amazon le provee de infraestructura en la nube a través de los servidores que tiene en Irlanda y Alemania, y que escalan automáticamente los recursos en caso de aumento de la demanda. La tecnología restante: inteligencia artificial y big data. En el primero de los casos se trata, como no podría ser de otra forma, de algoritmos de ‘machine learning’ que identifican patrones. En términos comparativos sería similar a identificar la secuencia de aminoácidos en una proteína y determinar qué otras moléculas interaccionarán con ella. El análisis big data viene dado, según explica el mismo Nonell, «no porque tengamos un problema con el volumen de datos, sino porque la filosofía de big data -o lo que es lo mismo: sus algoritmos- nos ayuda a optimizar los resultados». Nonell avanza que el Hospital Sant Joan de Deu ha sido el elegido como centro piloto para poner en marcha su proyecto de medicina personalizada Data Nimbus. Con financiación de la Comisión Europea, comenzarán ahora una fase II que pretende dar con tratamientos más precisos: «Vamos a trabajar en las TIC para optimizar la recogida de datos, análisis y almacenamiento de cara a que se pueda llegar a aplicar medicina personalizada. Una manera es mediante el análisis del genoma», adelanta el CEO. Además, inscrito en el 7º Programa Marco, la biotecnológica forma parte de un consorcio de instituciones, entre las que están presentes el Hospital Vall d’Hebron y el Hospital de Bellvitge, para diseñar moléculas que bloqueen los anticuerpos que provocan el rechazo de válvulas cardíacas de origen animal. Con mucho secretismo, todavía, Nonell confiesa que tienen ya una molécula en proceso de patente.
En busca de moléculas marinas
En colaboración con la Universitat de Barcelona, Mind The Byte realiza un proyecto de carácter más ecológico. Consiste en buscar moléculas marinas que se puedan sintetizar para que no sea necesario arrasar el fondo marino. Y todo ello, teniendo en cuenta que el grupo de investigación trabaja en la Antártida. Hasta California se traslada su trabajo donde han comenzado a colaborar con una universidad para identificar los mecanismos de acción de las moléculas implicadas en los procesos asociados a la neurodegeneración del Alzheimer.

Fuente: El Mundo -España

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